23 jul. 2008

Los bosquimanos de Tanzania


Uno de los pocos grupos de bosquimanos que aún quedan en el mundo se encuentran en Tanzania, en la comarca de Mangola Chini situada en los alrededores del lago Eyasi.
Fui a dar allí de manera casual, ya que en principio a quienes iba a visitar era a unos misioneros españoles (Pepe y Miguel Angel) que viven en la región desde hace al menos 20 años.
Cuando llegamos a Mangola después de un largo y ajetreado viaje, Pepe nos recibió en su casa y nos abrió sus puertas, invitándonos a quedarnos el tiempo que quisiéramos.
Al día siguiente ellos tenían previsto un viaje a las tierras de los bosquimanos para recoger a uno de ellos que se iba a ir a vivir a su casa como askari (askari son el Tanzania como "vigilantes" que tienen algunas personas en sus casas), así que nos fuimos con ellos.
Después de entrar en la "zona" donde habita este grupo, había que buscarles, pues al ser nómadas van caminando de un sitio a otro y cada día acampan en un lugar.
Les encontramos debajo de la sombra de un árbol. Era un grupo de unas 15 personas, incluídas mujeres y niños. Y lo que más me gustó: ¡no tenían apenas nada! Se sentaban sobre unas pieles, y llevaban un hatillo donde guardaban algo de ropa, utensilios de cocina y poco más.
Me llamó la atención que muchos de ellos, a pesar del poco contacto que mantienen con la "civilización", estaban fumando.
Enseguida se acercaron a nuestro coche y nos invitaron a tirar con sus arcos. Éste es un espectáculo que hacen con los turistas: les dejan tiarar con arco y a cambio estos les dan unos shilings (moneda tanzana). A nosotras, por ir con amigos suyos, no nos cobraron... ¡Pero la experiencia fue digna de ser pagada! La sensación de estar en un lugar perdido del mundo, con un grupo de personas que aún viven de lo que recolectan y lo que cazan (aunque cada vez menos pues el gobierno les ha reducido a un pequeño espacio de tierra donde apenas queda caza), y poder compartir un rato con ellos es algo que no tiene precio.
Me llamó la atención que el chico que se vino con nosotros preparó "su maleta" en un segundo: una tela con algo de ropa. Se despidió y se fué.
Yo pensé en el tiempo que nos llevaba a los "civilizados" preparar una maleta, aunque solo vayamos a salir un par de días.
Y he de rconocer que mientas compartía el espacio en el furgón con aquella persona, mi Alma estaba completamente sobrecogida.

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