23 jul. 2008

Lamu







Este burrito que me acompaña en la foto es uno de los cientos de ellos que viven en Lamu, una isla de Kenya cerca de la costa de Mombasa.


Allí es donde conocí a mamá Carmen (de la que hablo en uno de mis relatos en prosa) y a otras amigas con las que, después de tantos años, aun mantengo contacto.


Lamu es una pequeña isla en la que solo hay un coche. El resto... ¡burros! Y gente, mucha gente mezclada ya que conviven los musulmanes, los swahili (autóctonos) y muchos europeos que se han retirado a este pequeño paraíso.


Una de las playas más bellas de Lamu es la de Shela. Allí, además de las aguas calientes del océano Indico y la arena fina, hay muchas, pero que muchas mansiones de los más ricos del mundo ¡parece mentira! Incluso allí, a pie de playa, tiene su mansión el marido de Carolina de Mónaco, y en fin de año, según cuentan las gentes del lugar, ella y su esposo hacen una fiesta en la playa e invitan a todo el que quiera acudir (ahí es nada...).


Bueno, anécdotas aparte, Lamu es una bella isla llena de contrastes, pues lo cierto es que entre las casas de los africanos se encuentran esos hoteles de super lujo: dos mundos tan cercanos en el espacio y tan lejanos a la vez...


No es fácil llegar hasta allí en "transporte público", pues el autobús desde Mombasa tarda varias horas y no es muy cómodo, y después hay que tomar una pequeña barquita que se llena de gente ¡pero cuando llegas merece la pena! Claro, que también se puede viajar en avión a otra islita de al lado y cruzar a Lamu en lancha pero... ¡hay que pagarlo! He aquí una vez más el contraste...

En Lamu hay bastantes turismo que ha llevado a la creación de hostales, hoteles, cafeterías, bares e incluso discotecas.
El mercado, como todos los de África, es de un colorido especial, y en la plaza de la ciudad muchas tardes se juntan grupos de amigos que hacen música mientras los niños danzan o los turistas hacen fotos "sin que se note".
Pero a pesar de todo es un lugar tranquilo, muy tranquilo, en el que se puede pasear por las calles al atardecer y ver a los marabús comiendo en la orilla del mar los pececillos que se han quedado atrapados al bajar la marea.
Si no fuera por la malaria Lamu sería uno de los lugares a los que me gustaría volver. Quizá...

Los bosquimanos de Tanzania


Uno de los pocos grupos de bosquimanos que aún quedan en el mundo se encuentran en Tanzania, en la comarca de Mangola Chini situada en los alrededores del lago Eyasi.
Fui a dar allí de manera casual, ya que en principio a quienes iba a visitar era a unos misioneros españoles (Pepe y Miguel Angel) que viven en la región desde hace al menos 20 años.
Cuando llegamos a Mangola después de un largo y ajetreado viaje, Pepe nos recibió en su casa y nos abrió sus puertas, invitándonos a quedarnos el tiempo que quisiéramos.
Al día siguiente ellos tenían previsto un viaje a las tierras de los bosquimanos para recoger a uno de ellos que se iba a ir a vivir a su casa como askari (askari son el Tanzania como "vigilantes" que tienen algunas personas en sus casas), así que nos fuimos con ellos.
Después de entrar en la "zona" donde habita este grupo, había que buscarles, pues al ser nómadas van caminando de un sitio a otro y cada día acampan en un lugar.
Les encontramos debajo de la sombra de un árbol. Era un grupo de unas 15 personas, incluídas mujeres y niños. Y lo que más me gustó: ¡no tenían apenas nada! Se sentaban sobre unas pieles, y llevaban un hatillo donde guardaban algo de ropa, utensilios de cocina y poco más.
Me llamó la atención que muchos de ellos, a pesar del poco contacto que mantienen con la "civilización", estaban fumando.
Enseguida se acercaron a nuestro coche y nos invitaron a tirar con sus arcos. Éste es un espectáculo que hacen con los turistas: les dejan tiarar con arco y a cambio estos les dan unos shilings (moneda tanzana). A nosotras, por ir con amigos suyos, no nos cobraron... ¡Pero la experiencia fue digna de ser pagada! La sensación de estar en un lugar perdido del mundo, con un grupo de personas que aún viven de lo que recolectan y lo que cazan (aunque cada vez menos pues el gobierno les ha reducido a un pequeño espacio de tierra donde apenas queda caza), y poder compartir un rato con ellos es algo que no tiene precio.
Me llamó la atención que el chico que se vino con nosotros preparó "su maleta" en un segundo: una tela con algo de ropa. Se despidió y se fué.
Yo pensé en el tiempo que nos llevaba a los "civilizados" preparar una maleta, aunque solo vayamos a salir un par de días.
Y he de rconocer que mientas compartía el espacio en el furgón con aquella persona, mi Alma estaba completamente sobrecogida.

Metéora


Sin duda este lugar es uno de los más mágicos que he visitado: Metéora.
Está en Grecia, en la región de Tesália, que se encuentra en el centro de la Península griega.
Metéora es un conjunto de altísmos peñones en cuya cima hay monasterios y ermitas ortodoxos. También hay un gran número de cuevas que eran habitadas por monjes y ascetas.
La creación de estos monasterios data del s. XI. Hoy se pueden visitar 6 de ellos, uno de los cuales es de monjas.
Antiguamente los monjes que vivían en las cumbres bajaban y subían en unas cestas tiradas por poleas. Hoy ya han hecho caminos y los autobuses suben a la puerta de los monasterios. Aún así este lugar no ha perdido su magia, y el espectáculo cuando uno entra en Metéora es realmente sobrecogedor.
Todavía hoy para entrar en los monasterios las mujeres tienen que cubrirse las piernas o ponerse falda (si se llevan pantalón). Para ello en la entrada de cada monasterio hay percheros con faldas y así poder elegir una "a tu gusto".
Metéora es un lugar que merece la pena visitar. Es único y mágico.