Reflexión
La vida y la muerte caminan juntas. Solo cuando experimentamos la pérdida de una persona amada nos damos cuenta de lo que teníamos cuando esa persona estaba a nuestro lado, y tomamos mayor conciencia de la temporalidad de las cosas. Creo que después de una pérdida entendemos la vida de otra manera. Es el gran "regalo" que nos hace la persona que nos deja, el ayudarnos a crecer, a valorar las cosas de otro modo, a apreciar aquello que tenemos por pequeño que parezca. He aprendido que el tiempo hay que disfrutarlo. A menudo cuando estamos en una relación, perdemos demasiado tiempo en pequeñas discusiones, enfados, regañinas de un día a día que se convierten en "montañas" cuando ya no tienes a esa persona a tu lado. Damos por echo que estaremos siempre juntos, que envejeceremos junto a esa persona, o que la veremos crecer y moriremos antes que ella (en el caso de los hijos). Pero muchas veces el destino tiene preparados otros planes... Por eso quiero deciros a todas/os...